Alguna vez sentí…

Cuando lloramos llegamos a tal punto de empezar a arrepentirnos; arrepentirnos del haber logrado sentir, de habernos arriesgado o simplemente llorar a causa de nuestra misma imaginación de algo que no pudo resultar. Llegamos a un punto en nuestras vidas donde ni nosotros mismos nos conocemos; desconocemos tanto el porqué alguien o algo nos hizo derrumbarnos, cuando nos creíamos tan fuertes, cuando pensábamos que podíamos bajarnos el cielo solitos; nuestro ego no nos deja asimilarlo.

Llega un día de nuestras vidas donde conocemos a nuestro famoso “click”, nuestro posible “hilo rojo”; a la persona que llenaba ese “vacío”. También llega ese día donde nos damos cuenta que nada “valió la pena”, exacto… cuando nos rompen el corazón en mil pedazos. Continuando con lo anterior, ese día donde nos empezamos a arrepentir de todo; TODO. No nos damos cuenta que él o ella nos ayudaron a aprender, nos están ayudando a crecer; nuestro ego no nos deja ver el más allá de la situación, no nos deja analizar que esa persona sí llenó ese vacío. Nos ayudó a crecer…

Hay días donde recordamos a esas personas con odio, con rencor al habernos hecho sentir; esos momentos cuando nos empezamos a arrepentir de haberlos/as conocido…

El sentir está bien, pero aprendamos a volver a confiar, a volver a abrir nuestro corazón y quitar rencores; esas personas nos ayudaron a crecer. Y sí, posiblemente esas personas sí pueden ser nuestro famoso “hilo rojo”, y ese es el pequeño detalle por el cual algunas personas también nos preguntamos el porqué el destino las vuelve a poner en nuestro camino, una y otra vez, después de tanto haber construido el corazón que alguna vez rompieron. Algunos lo llamamos destino y otros casualidad, pero… ¿por algo no salen de nuestras vidas, no? Aprendamos a recordarlos de una manera madura y bonita. Esta bien extrañarlos de vez en cuando, pero no nos cerremos a volver a sentir.

El sentir no está mal, el prohibírnoslo sí.

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ÉL NO LLAMARÁ

Tranquila, sé que en las noches has anhelado esa llamada, ese mensaje, esa señal que te haga decidir perder tu orgullo. Sé cuántas veces has querido, pero no te atreves. Sé que te sientes la peor persona del mundo, una basura andando. También sé que ahora en vez de dormir, te quedas viendo al techo, esperando y esperando… dejando pasar los minutos para que el teléfono suene. Todas hemos querido esperar y que ese momento llegue.

Sé que ya pasaron varios meses, incluso años. Él decidió tener a alguien más, trataste de hablarle, pero no recibiste respuesta, trataste de borrar su número, para no tener la tentación de hablarle. Te dijiste a ti misma “basta”, pero no ha funcionado aún.

Sé que en ciertas noches te recuerdas de todo y caes en tu propia laguna. Sé que te propusiste olvidarlo, pero él se quedó con una parte de tu vida. Has intentando, intentado e intentado pero simplemente no puedes.

Déjame decirte…

Se fue, es difícil reconocerlo, pero él se fue, rehusó a hablarte de nuevo, su orgullo pudo más. Tu amor aún permanece pero el de él ya no. Todo te recuerda a él, ¡maldita sea, todo! Pero aquí viene la dichosa frase “no eres tú soy yo” es cierto, tú no tuviste la culpa, NO HICISTE NADA MAL. Tienes toda una vida por delante, sí, lo sé, sé que quieres ese mensaje aún, aunque solo sea por capricho. Pero… ¿en serio vale la pena esperar por alguien que solo te hizo daño?

Eres hermosa, inteligente, poderosa. Si él no quiso, no te vas a deprimir y caer en llanto todas las noches que veas o escuches algo que diga su nombre, ¡no!.

Él está feliz, y tú no. Él quiso pero ya pasó.

Fue un amor, y de ese amor tienes que levantarte y volver a sentir. Tienes que dejar de poner comas y de una vez poner un punto y final.

Siempre te romperán el corazón, pero llegará alguien y sabrá cómo construir uno nuevo, con rajaduras, y a veces roto, pero jamás se cansará de volverlo a construir.

Corta esa conexión sin miedo, arriésgate a darte otra oportunidad. Será difícil, pero tienes que amarte más a ti que a él. Con lágrimas en tus ojos tienes que hacerte la idea de que Él no llamará.

Para ti que olvidaste regarlas

Gracias por las veces que me hiciste pelearme conmigo, por las veces que sembraste flores y olvidaste regar, por las ilusiones que creaste sin saber que ya no te iban a interesar.

A ti te digo; gracias por las almohadas que tenían mi maquillaje y dignidad plasmada en ellas.

Sin sarcasmo alguno te agradezco por esos besos que en mi mente pensé correctos sin saber que eran un juego.

A ti te digo; gracias por las veces que olvidaste ser un hombre de verdad.

Gracias por cada comentario que poco a poco terminó destrozando mi autoestima; me dejé llevar por el amor duradero y correcto que creí.

Gracias por las veces que me negaste. Por esos “Te Quiero” con la menos sinceridad en cada sílaba.

En serio gracias por el amor que olvidaste dar. Aunque sé que nunca leerás esto; quiero que quede en mi memoria para quemarlo y dejar que los pedazos vuelen a esa parte donde dejaste el amor que pretendías darme.

Con mi orgullo te digo que ya no habrá necesidad de regarlas, cuando la mejor decisión que he tomado fue cortarlas de raíz.

Sin rencor te agradezco por hacerme querer amarme una vez más.

Asdana

BASTABA CON VERME AL ESPEJO UNA VEZ MÁS

Mientras temblaban mis manos, estaba tan insegura de ir o no.

Ese 3 de julio empecé a alisar mi cabello, pintar mis uñas, colocar un poco de máscara en mis pestañas y elegir el atuendo perfecto para la ocasión; me veía miles y miles de veces al espejo si estaba bonita o no.

Me preguntaba tantas veces si en serio debía ir; pensaba en cualquier excusa.  Estaba totalmente insegura… pero bueno, qué podía perder; me armé de valor, salí de mi casa… ya no había vuelta atrás.

Llegué al lugar, revisé mi celular y ahí estaba su mensaje… él ya estaba ahí.  No había vuelta atrás.

Llegó… me vio de pies a cabeza, me dio un beso inocente en la mejilla  y me preguntó si había llegado bien; a lo que conteste un simple sí.  No me salían tantas palabras, veía a cada lado sin prestar atención a la situación.

Me invitó a un café, nos sentamos y a ningún de los dos nos salía una palabra, hasta que decidí “romper el hielo” quién me paraba al hablar. Él solo me veía y veía. Tengo que decir que después de 5 meses de compartir mensajes ese día fue el más esperado… continúo; me veía y veía… cuando inesperadamente me dijo que me miraba muy linda, a lo que mis mejillas se tornaron de color de un tomate, él lo notó, se acercó a mí; mi mente estaba dando tantas vueltas no sabía qué hacer, me empecé a poner nerviosa. Cerré los ojos y pasó… ese beso que por tantos meses esperé, fue un besó tan satisfactorio e inocente.  Él estaba tan cerca, podía sentir su respiración.

Llegué a mi casa, en todo el camino solo podía pensar en ese beso, en él, en sus ojos y su paciencia al escuchar; mi sonrisa se borró al revisar mi celular y leer un mensaje de él que decía que le agradó verme pero ya no podía repetirse; ¿qué había hecho mal? ¿qué tenía que contestar?… tantas preguntas inundaron mi mente… ¿y si no era suficiente? ¿Y si no le gusté? ¿Ya no le parecía bonita?.

Con rabia solo abrí el mensaje y contesté “está bien”.

3 meses después, un miércoles como cualquiera salí a escribir mi próximo “post” en mi restaurante favorito; solo yo y mi computadora.  Terminé de escribir, guardé todo y salí del lugar. Levanté mi vista ya que había notado algo, ahí estaba, sí, él. Con la chica perfecta caminaba… cuando él la besó. Me dolió. Caminé sin bajar mi cabeza, todas mis preguntas estaban resueltas… mientras yo había tardado días pensando en aquel día, en qué ponerme, cómo maquillarme, tantas veces que me vi en el espejo y no sabía si quedar satisfecha, exacto, entendí que el problema jamás fui yo, y jamás iba a tener el derecho de que alguien más me hiciera sentir en ese extremo de pasar noches y noches preguntándome si en realidad era suficiente o “perfecta”.  Entendí que él era el problema, no pensó en el daño que iba a causar, no pensó en cómo decir que no le había gustado, simplemente no pensó. Él tenía a su chica esbelta, cabello perfecto y rostro perfecto y yo tenía que quedarme con mi poca autoestima, sin nadie.  ¡Qué irónico no!

Pero, gracias a su problema a su “error” supe que no podía volverme a sentir así por alguien sin escrúpulos.

Basta con vernos al espejo y sentirnos hermosas. Nuestra opinión es la que vale.

Asdana.

DEJARLAS VOLAR O ENCERRARLAS OTRA VEZ

La luna daba luz a mi habitación.  Entre pláticas, no dejaba de ver las comisuras de sus labios; hablaba y hablaba y yo solo imaginaba galaxias y mi canción favorita saliendo de su boca.

Mientras yo colocaba mi cabeza sobre su regazo, él acariciaba mi cabello delicadamente y seguía hablando y hablando. Casi imaginaba pajaritos sobre su cabeza; sí así de ilusionada.  En seguida cambié mi mirada ya que él lo notó y tenía miedo de que supiera que ya era suya.

Le conté todo sobre mí… él me veía de la misma manera que yo lo estaba viendo.  Me sonrojé.

Mi canción favorita no dejaba de sonar en mi cabeza.  Me pareció increíble que después de tantas veces bajo las sábanas llorando, podía volver a sentir esas mariposas sin que me lastimaban mientras volaban dentro de mí.  Tenía miedo, miedo de que alguna de esas mariposas me hipnotizaran con su vuelo y en seguida me lastimaran con ese vuelo tan hermoso.  No me creía capaz de volver a escuchar mi canción favorita en mi cabeza, de volver a sentir esas mariposas…

Esa noche pensé cómo el destino era tan egoísta de poner a alguien en mi camino que en cualquier momento iba a arruinar esa confianza en mí que me había costado tanto construir.  Pero él me veía como si fuera arte..

No sabía cómo sentirme.  No sabía si ya estaba segura de abrir ese frasquito y dejar salir esas mariposas para que pudieran volar otra vez.  Hasta que… me arriesgué… abrí el frasco, me dejé llevar… ya le pertenecía.  No podía aferrarme en mi miedo, no podía dejar que ellas no volvieran a volar, la egoísta estaba siendo yo.

Día 929 y sigo escuchando mi canción favorita en mi cabeza.  Ellas siguen volando.

UN CAFÉ Y UN EXTRAÑO

Y ahí estaba yo… sentada, entrelazando mis dedos mientras observaba a las personas entrar al lugar, tomando café, como cualquier mañana.

Le di otro sorbo, mientras volvía a levantar mi mirada.  Me quedé observando por más de diez segundos a ese extraño, que no me parecía tan extraño en ese momento.

Sin pensarlo dos veces, con curiosidad entre mis pensamientos me quedé observando más.  No lograba identificarlo.  Diez segundos más, él volteó y supe quien era.  Él.

En un segundo mi mente se convirtió en un mar de recuerdos.  Recuerdos que ni escarbando en lo más profundo de mi mente imaginé que aún que estuvieran presentes.

Él se sentó a unos cuantos metros cerca de mí.  Sentí su mirada.  Mientras otra chica entraba.  La observé también.  Era linda, lo que todo hombre soñaba.  Noté los nervios en la mirada de él.  Ella buscó, y se sentó en la mesa… junto a él.  Sostuve mi celular unos segundos hasta que mi curiosidad pudo más, seguí observándolos.  Entre besos, risas y abrazos supe quien era ella.

Una tranquilidad llenó mi cuerpo y pensé que cómo era posible que hace unos años me encontraba llorando con una almohada sobre mi cara preguntándome si era realmente bonita para él.  Aferrándome a un amor que en el momento creía correcto y duradero.

Mientras ellos reían… pensé cuantas veces no me vi al espejo y me llamé “basura”, por las veces que él me había negado.  Mientras ellos se abrazaban… pensé en aquellos días que me volvía loca con un “qué linda es”.

Me levanté de la mesa, tiré a la basura la servilleta y el vaso de café ya vacío… con una sonrisa pícara salí del lugar mientras él me observaba.  Sonreí y me devolvió la sonrisa, una sonrisa sana y pacífica.

Al salir, lo vi, vi  a ese hombre que me estaba esperando… que hizo que jamás me volviera a preguntar lo anterior dicho.  Vi a ese hombre que sin pensarlo dos veces volvería a pasar todo lo que pasé si esa fuera la llave para encontrarlo.  Esa era mi respuesta a todas mis dudas y como dicen “otro mejor vendrá”.  Lo abracé y lo besé.  Él me vio extrañado… solo sonreí.

Ese día entendí… mientras te estás sintiendo pisoteada y destrozada por algo que no pudo ser, por ese amor forzado por ti… llega alguien que cambia tus expectativas y que te hace verte al espejo con los ojos que jamás te viste.

Hasta que pase algún tiempo y te encontrarás ahí… sentada con un café y un extraño.

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COMPLETA EN PROCESO

Miércoles por la tarde.  Miércoles que puedo sentirme completa.

Hace unos días comprobé que yo era el problema, no los demás, era yo.

Yo soy quien no podía amarme.  Quien tenía la rabia contra mí.  Quien no deseaba su cuerpo, su sonrisa, su rostro.  Quien no podía dejar de verse al espejo y encontrar miles y miles defectos.  Quien no era feliz.  Yo lo era.  Yo era el problema.  Yo era quien no me dejaba salir.

Hace unos días comprobé que no ganamos nada viéndonos al espejo y criticarnos.  Nosotros somos los que nos molestamos con la persona que nos critica.  Entonces, por qué sí estamos bien nosotros, si nosotros somos el problema.

Nosotros somos los que tenemos que dejar de criticarnos.  Somos nosotros, nosotros somos los únicos que nos tenemos que amar primero.  Por qué permitir que alguien más lo haga, también nos tenemos que defender de nosotros en ciertas ocasiones.

Hace unos días me di cuenta que me amaba en secreto.  Hace unos días aprendí a verme al espejo y decirme lo que siempre he querido que me digan.  Hace unos días me di cuenta que tengo que dejar de ser mi propia pesadilla.  Hace unos días aprendí que puedo ser especial.  Especial para mí.

Hace unos días comprendí que no ganaba nada.  Por qué no amarme.  Por qué no verme como siempre he querido verme.  Por qué no ayudarme a salir.

Hace unos días aprendí a empezar a sentirme COMPLETA.

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